jueves, 1 de agosto de 2013
Capítulo uno.
[ Narra París ]
Estaba durmiendo tan plácidamente, hasta que mi madre me despertó para ir al odioso instituto. Por una parte quería ir, por que en todas las vacaciones no he visto a mis amigas, pero por otra me quiero quedar en casa, dormidita.
-Cinco minutos.. - murmuré.
-Ni cinco, ni nada.- dijo mi madre. - Levántate, que llegarás tarde. - dijo abriendo las ventanas para que entrara la luz en mi habitación.
Gruñí.
-Ya voy..- dije quitándome las sábanas de encima mía y levantándome perezosamente. Mi madre salió a despertar a mi hermana, y luego bajó a hacernos el desayuno.
Entré al baño y me desnudé para darme una ducha para refrescarme. Salí y me enrollé con una toalla al rededor de mi cuerpo y salí del baño. Abrí el armario y me vestí. Me cepillé mi pelo, cogí la mochila y bajé a desayunar. En la cocina estaba mi madre y mi hermana María, que iba así vestida.
-Buenos días.- dije dándole un beso a la mejilla a las dos.
-Buenos días.- saludó María con una sonrisa.
-¿Y esa sonrisa? - pregunté divertida.
-Nada, que tengo ganas de ver a las chicas.- reí.
-Aquí tenéis el desayuno, chicas.- mi madre nos dejó un plato con una tostada y huevos. Desayunamos y cuando terminamos ya era de irnos, así que nos despedimos de nuestra madre y nos encaminamos hacía el instituto.
Durante el camino, hablábamos de nuestras cosas. Era raro, pero con mi hermana me llevo genial. Por que a todos los hermanos o hermanas que conozco se llevan mal, pero con mi hermana no me llevo mal.
Llegamos, y a la entrada del instituto estaban nuestras amigas : Lucía, Ana, Raquel y Paula.
Nos acercamos silenciosamente, y las asustamos.
-¡Bu! - dijimos mi hermana y yo haciendo que se sobresaltaran.
-¡París! ¡María! - gritaron todas al vernos, y se abalanzaron sobre nosotras a abrazarnos.
-¿Que tal? - pregunté después de saludarnos.
-Bien, bien. - dijo Paula.
-Genial. - contestó Lucía. Ana y Raquel me asintieron con la cabeza, haciéndome entender que estaban bien. Les sonreí.
-¿Y vosotras dos? - preguntó Raquel.
-Bien. - contestamos en unisono, para después reír.
-Será mejor que entremos, no quiero llegar tarde el primer día. - dijo Lucía.
Entramos, y yo me fui a mi clase con Ana, y las demás como eran un año menores que nosotras dos, estaban en un curso menos.
Entramos a clase, y me senté con Ana en la segunda fila. El profesor entró, y nos dio los horarios y comenzó a explicarnos que haríamos este año, y tal. Cuándo acabó la clase, miramos que nos tocaba ahora : Literatura, y luego, Lengua.
Genial. Notese la ironía.
Después de dos horas aburridas, era la hora del recreo. Guardamos todas las cosas y nos fuimos al patio, en nuestro sitio de siempre. Ahí ya estaban las demás. Comenzamos ha hablar de las vacaciones de todas. Lucía se había ido a Turquía, Ana a Canadá, Raquel a Ibiza, Paula a Inglaterra, y nosotras ; María y yo, a Francia.
Mientras hablábamos, la campana sonó indicando que era hora de volver a clase.
Después de tres largas horas, volvimos a casa.
-¡Hola! - saludé, cuándo entré por la puerta.
-Hola hijas.- saludó nuestro padre, asomándose por la puerta, sonriente.
-Chicas, la comida ya está lista, vamos.- nos llamó mamá.
Llegamos al salón y comenzamos a comer. Se notaba que mis padres estaban nerviosos, así que decidí preguntarles que les pasaba.
-Mamá, papa. - me miraron. - ¿Qué os pasa? Os noto nerviosos.
-Es que..- mi madre suspiró. - Necesitamos deciros una cosa.
-¿Cuál? - preguntó mi hermana.
-Me han transladado a trabajar en Londres...- comenzó mi padre.
-Espera, espera. ¿Me estáis diciendo que nos tenemos que mudar? - dije desesperada.
-Si.. - dijeron los dos cabizbajos.
-¡No! - gritamos mi hermana y yo a la vez.
-A ver, París tú te puedes quedar.. ya eres mayor. Pero, María, tu te tienes que venir con nosotros. Lo siento.. - dijo mi madre otra vez cabizbaja.
-¿Que? No, no y ¡no! - dijo mi hermana al borde del llanto. Se levantó y se fue a su habitación, dando un portazo.
-Voy a hablar con ella. - dije levantándome y yendo hacía su habitación. Subí arriba y llamé a la puerta de la habitación de mi hermana. No me contestó, solo se oían llantos por su parte. Abrí la puerta y la encontré en la cama llorando, abrazando a la almohada. Me senté a su lado y la abracé de lado.
-María, mírame por favor. - dije cogiendo su barbilla y haciendo que me mirara.
-¿Que quieres? - me dijo borde. Suspiré.
-Yo tampoco me quiero ir, pero que le vamos a hacer. Papá al fin ha encontrado un trabajo, y no puede desperdiciar la oportunidad que tiene. Si quieres, me voy contigo para que no estés sola, ¿vale? Ya se que no volveremos a ver a las chicas, las echaremos de menos, pero no podemos hacer otra cosa.
-Pero, es que yo no me quiero ir. - dijo cabizbaja, otra vez.
-Ni yo, pero no podemos hacer nada.
-¿Por que tú te puedes quedar y yo no? - dijo mirándome.- Es injusto, dentro de nada cumpliré los diecisiete.
-No lo sé, mamá aún piensa que eres pequeña. Pero, me iré contigo para no dejarte sola, ¿vale? - le dije. Ella asintió. - Y deja de llorar, por favor. No te quiero ver mal. - ella sonrió. - ¿Ves? Así me gusta, que sonrías, que tienes una sonrisa preciosa. - ella rió.
-Gracias. - dijo abrazándome.
-No des las gracias, cielo. Para algo soy tu hermana. Además, allí podrás ligar con los inglesitos. - dije riendo y sacando le la lengua.
-Idiota.. - dijo riendo y pegándome con la almohada.
-¡Eh, eh! Agresividad menos. - dije intentando parecer seria. - Vamos abajo a hablar con mamá y papá.
-Vamos. - dijo levantándose y bajando al salón. Allí estaban mi padre y mi madre, sentados en el sofá con una cara preocupada. Mi hermana y yo nos sentamos en el sofá que estaba enfrente.
-Mamá, papá. - comenzó a hablar María. - Lo siento por lo de antes.. - dijo cabizbaja.
-No pasa nada, cariño. - dijo mi madre. Mi hermana sonrío.
-A todo esto.. ¿cuándo nos tenemos que ir? - pregunté curiosa.
-Dentro de dos días.. - dijo mi padre preocupado por la respuesta que daríamos.
-Vale. - dijo mi hermana.
-Pero, ¿cómo nos vamos a cambiar de instituto? Acabamos de comenzar.. - dije.
-De eso no te preocupes, París. El director de tú instituto ya ha hablado con el otro director de tu otro instituto y ha dicho que podéis entrar sin problemas.
-Ah, vale.
-Bueno, ¿os importa que esta tarde nos reunamos con nuestras amigas aquí en casa y duerman aquí? - preguntó María.
-Claro que no. Pueden venir siempre que quieran. - dijo mi padre.
-Gracias. - dijimos las dos a la vez y nos levantamos a abrazarles.
Subimos a mi habitación y comenzamos a llamar a las chicas. Les dije que teníamos que decirles algo importante, y que se quedaran a dormir aquí. Ellas aceptaron encantadas, y quedamos a las nueve aquí.
En toda la tarde no hice mucha cosa, solo que hablar con mi hermana o ir empaquetando cosas, ya que dentro de dos días teníamos que irnos. Cuando acabé ya eran las ocho, así que decidí ducharme y arreglar un poco la habitación para poder dormir todas en mi habitación.
Suena el timbre y mi madre va a abrir. Después de unos minutos, las chicas suben como locas y entran a mi habitación armando jaleo.
-¡HOOOLAAA! - dijeron todas.
-¡Escandalosas! - dije riendo.
-Hi. - dijo mi hermana entrando.
-¡Abrazo! - dijo Lucía. Reímos y nos abrazamos las seis.
-Chicas. - dijo mi madre entrando con dos pizzas en mano. - aquí tenéis las pizzas, que aproveche. - dijo sonriendo.
-Gracias Esther. - dijeron mis amigas.
-De nada. - dijo saliendo de la habitación. Cogí un cd y lo puse bajito. Nos sentamos formando un circulo y comenzamos a cenar entre risas y tonterías. Cuando acabamos de cenar, empezamos a decirles la noticia.
-¿Y bien? ¿Qué nos tenéis que decir? - dijo Paula, que estaba a mi lado.
-Pues la verdad, nada bueno.. - dijo mi hermana triste.
-¿Qué pasa? Nos estáis asustando.. - dijo Ana.
-Es que, no es nada fácil decirlo.. - dije.
-Vamos, me estáis poniendo nerviosa. - dijo Raquel. Mi hermana y yo suspiramos. Nos miramos y decidimos decirlo a la vez.
-Nos mudamos a Londres. - dijimos en unisono.
-¿¡QUÉ!? - dijeron todas.
-Es que mi padre tiene que ir a trabajar a Londres, y nos tenemos que ir a vivir allí. - dije.
-No por favor, quedaros. - dijo Paula llorando. Miré a las demás y también estaban llorando.
-Yo me puedo quedar.. pero mi hermana no. Según mi madre aún es "pequeña". - dije haciendo comillas.
-Pero tú no te quedas, ¿verdad? - me preguntó Lucía. Negué levemente con la cabeza con lágrimas en los ojos.
-Os vamos a echar de menos, chicas. - dijo Ana. Acabamos llorando todas. Nos levantamos y nos abrazamos. Las iba a echar mucho de menos, y no sabéis cuánto.
Nos pasamos toda la noche mirando fotos que nos hicimos, y recordando como nos conocimos.
(...)
Estábamos en el aeropuerto, esperando a que nuestro vuelo venga. Después de esperar media hora, subimos al avión y yo me senté al lado de la ventanilla. Mis ojos estaban llenos de lágrimas, me giré y mi hermana estaba igual. Volví mi vista hacía la ventanilla y veía como estábamos a punto de despegar. Mi primera lágrima corrió por mi mejilla, seguida de muchas demás.
Después de tres largas horas, ya estábamos en Londres. Bajamos y cogimos nuestro equipaje. Llamamos a un taxi y cuándo subí, suspiré. Esto va a ser un infierno.
Llegamos a la que sería nuestra nueva casa. Mi padre pagó al taxista y bajamos las maletas.
Llegamos a la puerta y mi madre sacó la llaves para abrir. Cuándo abrió me quedé sin palabras. Era preciosa. Había un largo pasillo. Entramos y dejamos las maletas al lado de las escaleras. A la izquierda estaba el salón. Seguimos caminando y a la derecha estaba la cocina. Al lado de la cocina había un pequeño baño. El pasillo acababa dando a la puerta de un jardín precioso. Después de ver la primera plana, subimos a ver la segunda. Arriaba ya, también había un pasillo largo. A la derecha de este, había un baño, también pequeño. Seguimos y a la izquierda estaba la habitación de mi hermana. Mi hermana estaba encantada con esa habitación. Después vimos la habitación de mis padres. Y al final vimos la mía.
Esto de vivir aquí no sería tan malo como me pensaba. Subimos las maletas y nos instalamos en las habitaciones.
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